domingo, 20 de marzo de 2011

Semblanza de la dinastía Tudor

LOS TUDOR
CUATRO TEMPORADAS

Gracias a una oferta especial he podido adquirir a buen precio las dos primeras temporadas de esta serie sobre la dinastía inglesa Los Tudor, sorprendentemente rodada por una empresa irlandesa en coproducción con Canadá. Gracias a las series online he podido visionar las otras dos. Todo un clásico de la televisión y una serie modélica.
En el 2007 se estrenó la primera serie y en le 2010 la cuarta. No sabemos si se decidirá continuarla con los reinados de Maria I de Inglaterra y su hermanastra Isabel I, de quién comentábamos hace poco sus dos adaptaciones al cine con Cate Blanchett en su lamentable panfleto imperialista.
En 1970, con peores medios, la BBC grabó otra serie protagonizada por Keith Michell quien la presentó personalmente en España declaró que la corte del orondo Enrique VIII fue muy siniestra pero que echaba de menos que en España no hicieran otra similar con Felipe II que también se la hubiera merecido.
Aquí siempre vemos la paja en el ojo ajeno pero nunca la viga en el propio. Somos además maniqueos, los "malos " son los demás y nosotros los "buenos". Estos personajes históricos tienen sus luces y sus sombras, no son malvados de una pieza sin matices como se nos suelen presentar.


Enrique VIII (Jonathan Rhys-Meyers) fue un déspota, un tirano sí. Pero eso es algo consustancial a un personaje al que se le ha otorgado demasiado papel. La serie nos lo presenta como un ser educado, más guapo de lo habitual, con sus contradicciones. Una corte que trata de librarse de la corrupción del papismo, pero sustituyó la fe católica por otra similar. La Iglesia anglicana, confundida con la protestante creado por Lutero o Calvino, es la más semejante a la católica y de hecho se ha hablado últimamente de reconciliación y reunificación.
Resulta curioso, pero muchos actores de la película son irlandeses como el propio Jonathan Rhys-Meyers y además católicos, también cantantes. Maria Doyle Kennedy es una famosa cantante irlandesa que corrió con el papel de Catalina de Aragón, Joss Stone (Ana de Cleves) es inglesa pero comparte profesión con los anteriormente mencionados. Sarah Bolger (Maria Tudor) es una joven promesa que se ha revelado en esta serie obteniendo importantes premios interpretativos.
Natalie Dormer le da a su Ana Bolena un toque morboso, una mujer ambiciosa y sin escrúpulos que es decapitada por unas relaciones adúlteras que no existieron, llevando además a sus falsos amantes al cadalso. Annabelle Wallis añade dulzura a su Jane Seymour, la única mujer a la que realmente amó Enrique VIII y que murió de forma prematura tras alumbrar a su hijo Eduardo VI. Tamzin Merchant es la alocada Catalina Howard, prima de Ana Bolena, parentesco que la serie omite, que le siguió al cadalso. En otras series y películas nos es presentada como una chica dulce y agradable, casi infantil, inadecuada para el cargo.
Joely Richardson (la hija de Vanessa Redgrave) corre con el personaje de la sexta esposa, Catalina Parr, una mujer más estable que las precedentes.

Joss Stone es Ana de Cleves, descrita como una mujer fea y sin gracia. Pero la actriz es todo lo contrario, es uno de los rostros más agraciados de la serie.
Ha llamado la atención las escenas eróticas de la serie. Bien realizadas y con evidente buen gusto. Al ser una serie irlandesa nos ahorran la apología del imperio inglés, nos sorprende que una nación rival y eternamente enemistada con Inglaterra sea quien haya puesto en marcha la producción de esta serie pero da una imagen poco placentera. Enrique VIII es para Inglaterra un monarca de recuerdo incómodo. La caricatura habitual es la de un tipo que grita, zafio y tosco. En realidad un hombre refinado que hablaba correctamente varios idiomas, entre ellos el castellano.
Resulta curioso, pero en algunos fragmentos, la reina Catalina de Aragón o María Tudor deben hablar algunas frases en castellano porque se supone que es su idioma. María Tudor incluso fue reina de España al desposarse con Felipe II. Pues escuchando la serie en su versión original a los actores apenas se les entiende o tienen un acento latinoamericano por lo que han sido redoblados en estas secuencias.

Más acertada es el retrato de un serie que se cree un dechado de virtudes, que no duda en organizar una matanza en el norte de Inglaterra porque se rebelaron a causa de sus abusos y encima creerse justo y generoso. A pesar de su gran cultura, el rey es un ser que vive aislado desde su infancia y que no entiende los problemas de su pueblo. Un ser que cree que su poder se lo ha entregado Dios y que cree que los territorios que administra son de su propiedad particular tratando a sus habitantes como ganado.
Un rey que no es bueno, pero es más a causa de su cargo, de la institución que representa que es mala por naturaleza. La monarquía siempre ha sido un obstáculo para que los pueblos evolucionen convirtiendo a sus súbditos en alienados que se tragan todas sus mentiras.
Enrique VIII acabó trastornado, pero el poder le cegó desde el inicio de su reinado, y más tarde cegó a sus sucesores. Fue padre de tres hijos que se convirtieron sucesivamente en monarcas, un caso único en la historia. Si asesinó a miles de católicos para legitimizar su cisma, posteriormente a luteranos y calvinistas, su hija María Tudor, presentada como una muchacha dulce en la serie, llevó a la hoguera a miles de anglicanos como represalia. Isabel I, la reina virgen, volvió a matar católicos en una espiral de violencia que no tuvo fin.
El poder es malo siempre, aunque en estas series practiquen la doble moral y nos hagan creer que los tiranos son malos cuando son extranjeros y bondadosos si son compatriotas nuestros.

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