miércoles, 23 de febrero de 2011

Un peplum de Riccardo Freda

TEODORA, EMPERATRIZ DE BIZANCIO (1954)

En los años 50 el peplum estaba de moda y las cohortes romanas y los mirlitones griegos estaban en su apogeo viviendo una Edad de Oro. Una de sus musas principales sino la más brillante se llamaba Gianna María Canale, esposa del realizador Riccardo Freda, y según algunas malas lenguas realizadora en el anonimato de algunas películas de su consorte.
Parecía la persona adecuada para interpretar a Teodora (502-548), la famosa emperatriz de Bizancio. La mayoría de las películas llamadas de "romanos" vulgarmente suelen centrarse en los mismos emperadores: Julio César, Calígula, César Augusto, Marco Antonio y Cleopatra, Nerón y mucho menos Claudio. El resto parece que no existe.
Teodora vivió en el siglo VI, en la época en que el Imperio se dividió en dos. Nacida en un circo se convirtió en una mujer vagabunda hasta llegar a Bizancio. Una gitana, una zíngara de extraordinaria belleza y una inteligencia fuera de lo común que derrotó a Justiniano en el circo en una carrera de cuadrigas dejándole impresionado.
Teodora, emperatriz de Bizancio (1954) es un peplum modesto. No es William Wyler, Mervin LeRoy ni mucho menos Cecil B. DeMille, Riccardo Freda fue un director de series B, un artesano modesto y eficaz pero que en su haber cuenta con la virtud de que jamás aburrió.

Gianna María Canale

Así, a este modesto peplum de los primeros cincuenta podría verse actualmente algo anticuado pero en su modestía, en su falta de pretensiones llega a interesar. La estrella, en aquel tiempo muy rolliza, seduce al público sin esfuerzo. En películas posteriores aparecía con una imagen mucho más estilizada y con una mirada enigmática, penetrante con una belleza exótica, misteriosa.
La trama es sencilla. Se nota la falta de medios, que es un producto de serie con extras de plantilla de Cinecitta. El decorado del circo se asemeja al de Ben Hur, rodado años después. En aquella época se reutilizaban los mismos decorados en varias películas diferentes para poder amortizar su coste.
Tenemos empero algunas imágenes inéditas que recuerdan Ivan el terrible de Eisenstein. Todo lo demás son los tópicos de siempre. Las fiestas romanas, los músicos, las bailarinas. Ingredientes que dieron al género sus señas de identidad, su esencia. El paso del tiempo se nota sobretodo en que los efectos especiales ya están obsoletos y en los maquillajes femeninos. Pero a pesar de verse algo anticuada resulta agradable de ver y es merecedora de una revisión.

Teodora real

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