domingo, 6 de febrero de 2011

Las aventuras del barón Munchhausen (1943)

REVISIÓN DE UN CLÁSICO

Corría el año 1943 cuando el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, quería celebrar el 25 aniversario de creación de la UFA con el rodaje de un film espectacular a todo color y así competir con las grandes superproducciones de Hollywood.
El resultado fue Las aventuras del barón Munchhausen (1943) cuyo guión fue encargado a un escritor prohibido en aquella época, Erich Kästner, quien manos a la obra se puso a adaptar la famosa novela de Carl Leberecht Immermann y los relatos de Rudolf Erich Raspe, inspirada a su vez en un personaje real, el barón de Munchhausen, famoso por sus trolas y sus mentiras.
Finalmente, la producción más cara del cine alemán, sobretodo en época de guerra, pudo ver la luz con 134 minutos de metraje pero sufrió numerosas amputaciones hasta quedar reducido a la de 114 que pertenecen a la versión restaurada por la Murnau Foundation que es la que vi en DVD hace un par de días.

No sabemos qué metraje desapareció en esos 20 minutos ni cual era su contenido, pero en España aún sufrió amputaciones más drásticas como esas escenas que entonces se llamaban "atrevidas", es decir, con desnudos generalmente femeninos.
En la secuencia del harén hemos podido ver por fin escenas que la censura franquista se llevó por delante para evitar escandalizar a nuestros castos ojos de entonces.
Vista actualmente la película resulta sorprendente. No aparece por ningún lado la ideología nazi del doctor Goebbels y coetáneos, más bien fluye las ideas liberales del perseguido autor Erich Kästner. Josef von Báky, el director, no es alemán sino húngaro. Aparte de las escenas con desnudos se presenta Rusia de forma simpática cuando en aquel tiempo estaba en guerra con Alemania.

Hans Albert, un gran actor alemán de aquella época, asume la personalidad del barón mentiroso con gran picardía y pericia. La película es muy suntuosa y elegante. en una época de grandes penurias económicas, el Reich tiraba la casa por la ventana produciendo una obra que en cierto modo les es ajena. No nos encontramos con un panfleto propagandístico sino con una exquisita fantasía repleta de onirismo y de magia, con el incipiente Agfacolor, mucho más práctico que el Technicolor de Hollywood, y un título que pasará a la historia sin la sombra negativa de sus promotores. Eso sí que fue un gran mérito pero 20 minutos se han quedado por el camino y ni siquiera conocemos su contenido.

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