sábado, 6 de febrero de 2010

Cuentos del Conde Estruc 1


LAS HIJAS DE ESTRUC
- ¿Brujas? ¿Vampiros? ¿Aún hay gente que crea en estas historias? –el coronel de las SS Anton Von Kitchner no daba crédito a lo que escuchaba de su superior, el general Molina del ejército español.
- Pues sí, herr Kitchner. España es un país muy atrasado, con un alto numero de analfabetos. Esta República atea está llenando a las gentes de ideas extrañas pero no hace nada para sacarles del analfabetismo.
El general Molina estaba sentado plácidamente en su despacho del cuartel General de Granada. Ante sí tenía a un oficial alemán enviado por Adolph Hitler para dirigir los bombardeos de la Legión Cóndor contra poblaciones españolas afectas a la Segunda República.
Von Kitchner hablaba un español apurado, pero entendía muy poco del carácter del país en el cual combatía por orden de su Fürher. Afiliado al Partido nazi desde sus inicios, el coronel era un nacionalsocialista hasta la médula dispuesto a todo para seguir a su compañero y líder desde los tiempos difíciles en que sus ideas estaban perseguidas.
- Yo creo que esta República esta dominada por judíos, quienes para subvertir el orden mundial inculcan ideas nefastas a los ciudadanos. Debemos cortarlas de raíz para evitar que como una mancha de petróleo se expanda por toda Europa para corromperla con el anarquismo, el comunismo y el liberalismo que tanto daño están haciendo a la humanidad.
- Dice usted bien, coronel. Tengo para usted una misión especial en la zona fronteriza con Francia. Un pequeño lugar llamado Llers en donde se ha instalado una comunidad de anarquistas… -el general Molina saca de un portafolio una serie de fotografías de un castillo medieval situado a la vera de un río.
Von Kitchner observa las fotos con verdadera atención: ¡Qué lugar más lúgubre! Es el castillo del conde Estruc –aclaró apresuradamente el general español- Existe una interesante leyenda acerca de este castillo. Data del siglo XII. Se cree que estaba habitado por un vampiro llamado Don Guifred Estruc, un conde feudal al servicio del rey de Aragón Alfonso II “El Casto”. Sus restos reposan en los sótanos del castillo junto a los de su hija Doña Núria, vampira como él. Dicen las antiguas creencias que el conde Estruc engendró a las brujas de Llers, unas doncellas que se transforman en viento y surcan a gran velocidad los aires. Se cree que ellas son las autoras de La Tramontana, unos fuertes vientos que azotan la zona desde aquella época.
- Eso es fascinante, mi general –exclamó el coronel nazi.
- Actualmente este castillo ha sido confiscado por la CNT-FAI, los anarquistas lo utilizan como almacén de armamento para suministrar a las tropas del frente del Ebro. Su misión, coronel, es encontrar el castillo y destruirlo.
- ¡Uf, qué película! –Angel, un cuarentón de espeso mostacho, salía alborozado de un cine de la CNT en Figueras en donde acababan de proyectar “La hija de Drácula”, una película de vampiros de la Universal de gran éxito popular en la zona republicana durante la Guerra Civil española.
Iba con él un espigado barcelonés, llamado Ramón:
- Es mejor esto que todos los bodrios que meten en los cines comunistas.
- ¿A quién le interesa el cine social? “El acorazado Potemkin”, “Octubre” y “La madre” son rollos patateros. Que la gente se muera de hambre o en el campo de batalla a mí me la trae bien floja. A mí sólo me interesa aquel plano en que Bela Lugosi mira así y aquel en que Boris Karloff mira asá. –Angel imita torpemente las miradas de sus ídolos de la Universal.
- Pues yo no tengo nada contra los nazis y los fascistas. A mí no me han hecho nada… -sentenció Ramón.
La noche caía sobre el cielo ampurdanés. Aunque ya era primavera, el frío era penetrante y molesto. Los dos personajes caminaron a pasos apresurados por el camino hasta Llers para girar hacia las montañas y dirigirse hacia la cueva del Hombre Lobo, un confortable refugio en donde habitaban dos compañeros más: Emilio, un navarro enjuto y siniestro que siempre lanzaba tacos, y Hermes Omaña, jefe de una banda de bandoleros de trabuco y alpargata.
Omaña era bajo, calvo y de mirada desorbitada. Nacido en Madrid, era más conocido como el Padrino de Argüelles hasta que decidió viajar en busca de fortuna al Ampurdán, siempre auxiliado por sus secuaces que con él habitaban aquella cueva de ladrones.
- ¡A río revuelto, ganancia de pescadores! –se jactaba Omaña en compañía de sus secuaces, cuando se repartían las viandas de la cena de aquella gélida noche- Entre el frente de Aragón, la carnicería de estos milicianos de la FAI que ven fascistas hasta en la sopa y la inutilidad de la policía de la Generalitat aquí nos ponemos las botas. Está claro que Franco ganará la guerra, entonces tendremos mucho dinero y podremos vivir como reyes.
“Estas épocas de confusión son ideales para los negocios rápidos. Los propietarios catalanes han tenido que huir precipitadamente para evitar ser asesinados por los milicianos. Ni los Guardias de Asalto, ni los mossos d’esquadra mueven un dedo para ayudarles… Aún al contrario, se desentienden de sus problemas. España va al caos, y es lógico que quienes tienen dinero busquen que Franco les saque las castañas del fuego. Mientras tanto nosotros nos enriquecemos con todos los objetos de valor que quedan en sus casas abandonadas.
- Mucha gente se muere de hambre en España –sentenció Ramón, Angel respondió con su total indiferencia.
- Eso a mí no me interesa, no es mi problema. ¿Cuándo vamos a ver dinero, jefe?
- Dentro de poco. Mi marchante ha vendido la mercancía robada a precio de oro. Ahora hay mucha necesidad. Dentro de una semana tendremos el dinero en nuestras cuentas corrientes de Suiza, allí la República no nos lo podrá confiscar. Gracias a Dios, en este país no hay anarquistas ni pistoleros de la CNT.
“- ¿Y cuando nos largamos de aquí? –preguntó Ramón con verdadera ansiedad.
- Cuando ultimemos nuestro postrero trabajo… Asaltaremos el castillo del conde Estruc. Dicen las leyendas que esconde un tesoro en sus entrañas y nos la vamos a pulir nosotros. Esos zarrapastras de la FAI jamás conseguirán dar con él.
- ¿Y cómo vamos a penetrar en un castillo que está lleno de milicianos? Si nos cogen nos fusilan… -esta vez era Emilio, el navarro, quien preguntaba.
- Pues muy fácil, mañana iré al castillo para estudiar la situación y a la tarde os comunicaré mi plan. Sin embargo, para el mediodía, tengo una gran sorpresa para vosotros. Os he encargado una mariscada con vino ampurdanés. Un restaurante de la costa me debe muchos favores y mañana os traerá el marisco cocido. Como veis yo siempre soy generoso con quien me sirve con tanta… fidelidad.
No más aparecer por el horizonte los primeros rayos del sol, el coronel Von Kitchner reunió a sus subordinados españoles para informarles de su nueva misión. Allí estaba su lugarteniente Castro Villas, su copiloto Edmundo Rock y los artilleros Alejandro Gorrina, Angel Salas y Javier Catafall. Todos ellos de extremada fidelidad a las ideas del nacionalsocialismo.
- Existe en una villa fronteriza un castillo en donde unos anarquistas dan rienda suelta a sus bajas pasiones. Fornican en grupo, corrompen nuestra alma sacrosanta. Nuestro deber es poner fin a tanta abominación, el castillo debe saltar por los aires y sus habitantes perecer bajo sus ruinas.
Todos sus subordinados al unísono comenzaron a gritar entusiasmados:.
- ¡Viva Franco! ¡Arriba España!
- ¡Heil Hitler! –les respondió el coronel nazi brazo en alto.
- ¡Salud, camarada! –con el puño cerrado, Hermes Omaña saludaba así a los milicianos que hacían guardia en el castillo del conde Estruc.
- ¿No tendrás un pitillo por casualidad? –le preguntó un miliciano canijo que llevaba como uniforme un mono de trabajo.
- Los que quieras, camarada.
Omaña sacó de su bolsillo una cajetilla que repartió sonriente entre los milicianos que estaban en la puerta.
Momentos después, se dirigió a una especie de oficial que se dedicaba a tocar el trasero de una miliciana mientras le susurraba toda clase de cochinadas en el oído.
- ¡Salud, camarada! –volvió a saludar puño en alto Omaña.
- ¡Salud! –le respondió el miliciano- ¿qué se te ofrece, camarada?
- Venia a informaros que en la cueva del Hombre Lobo viven tres individuos con una pinta de fascistas que no pueden con ella…
- ¿Sólo tenían pinta? –preguntó el miliciano sin mostrar ningún interés.
- Tienen una radio con la que contactan los servicios de información del general Franco. Está claro que informan a los fascistas de vuestros movimientos…
Ya más convencido, el miliciano reunió a sus camaradas y todos ellos se dirigieron a la Cueva del Hombre Lobo en busca de los presuntos fascistas a los que había denunciado el madrileño.
Ignorantes de la denuncia, los tres secuaces degustaban con todo placer un buen plato de marisco que a primera hora les había llegado desde un restaurante de la costa.
- Ese sí que es un buen jefe, este marisco está riquísimo –decía Ramón mientras se papeaba un buen centollo.
- Tengo muchas ganas de volver a mi tierra, tener mi casa y mi dinerito en el banco –Angel se sentía muy satisfecho de su suerte cuando los milicianos irrumpieron en la cueva.
- ¡Quieto todo el mundo!
Los cacos se quedaron atónitos cuando una docena de fusiles soviéticos les apuntaban de forma amenazadora.
- El denunciante tenía razón. Estos individuos son unos fascistas, mientras el pueblo pasa hambre ellos se comen una buena mariscada. ¿De dónde habéis sacado el dinero para pagarla? ¡Responded, fascistas!
-Emilio enojado comenzó a insultarles con frases gruesas, hasta que un disparo en el estómago le calló para siempre.
- Pero ¿qué hacéis? Nosotros somos camaradas, nunca nos metemos en líos –gemía Ramón, asustado.
Otro disparo le dio el sueño eterno, Angel al ver morir a sus compañeros de correrías se derrumbó.
- Pero ¿qué hacéis? Si me disparáis, me moriré –gritaba entre sollozos.
- Lo siento mucho, pero esto es tu problema –le respondió una miliciana marimacho disparándole a bocajarro y asesinándole en el acto.
- ¿Habéis visto camaradas como vivían estos asquerosos fascistas? ¡Comían marisco, un manjar de burgueses capitalistas! Cogedlo todo y vayamos a repartirlo entre los camaradas del castillo. Al menos una vez en la vida comeremos como burgueses, cuando la Revolución triunfe todos los trabajadores y todas las trabajadoras podrán papear como esos sinvergüenzas…
- ¡Adiós, tontos útiles! –se dijo para sus adentros Hermes Omaña cuando escuchó los disparos desde el castillo. Entonces pensó para sus adentros. El plan había resultado como esperaba, se había ganado un buen dinero y no tenía que repartirlo con nadie. Sus compañeros ya habían sido asesinados y por lo tanto no contaban para nada.
Omaña había invertido una buena cantidad en el marisco, es muy salado y quien lo coma tendrá mucha sed. El vino ampurdanés que había adquirido era muy fuerte y no tardaría en hacer efecto.
El astuto caco había acertado en todos sus cálculos porque los milicianos habían confiscado la mariscada y las botellas de vino y no tardaron en dar buena cuenta de todo él, invitando al resto de la camarilla que estaba ocupando el castillo.
- Hoy vamos a papear como burgueses –gritaba eufórica la miliciana que había acabado con la vida de Angel.
El vino corrió a raudales de forma vertiginosa, el negro líquido pasó rápidamente de las botellas a los estómagos de los milicianos que enseguida, presos de los delirios de Baco, comenzaron a dar rienda suelta a sus instintos más primarios.
Un fuerte vendaval comenzó a silbar frenéticamente por los aires, aquel era un sonido agudo y penetrante que se te clavaba en cerebro..
- ¡Son las brujas! –gritó un miliciano. El ganzúa comenzó a reírse de aquellas historias. ¿Brujas? ¿quién cree ahora en brujas?
Aquel era el momento que Omaña anhelaba con total ansiedad. Por fin se le abrían las puertas de la fortuna más absoluta. Aquel castillo estaba repleto de obras de arte medievales que aquellos ignorantes zoquetes no sabían valorar.
Todas eran para él. Aquella pandilla de borrachos estaba fuera de sí, habían perdido el control de su razonamiento. El astuto caco enseguida encontró los sótanos del castillo en donde al fin pudo descubrir los tesoros que ocultaban sus entrañas.
A un palmo de la mano tenía una fortuna incalculable que le iba a dar un futuro próspero. ¿Cómo iba a compartirlo con aquellos estúpidos que le habían seguido y que habían confiado en su palabra?
¡Pobres ilusos! Yacían los tres muertos en la Cueva del Hombre Lobo. Aquellos pensamientos le daban risa, ¡pero qué tontos fueron!
El silbido de los aires arreciaba cada vez más. Es el viento, se dijo Omaña. Pero ¡ca¡, el silbido era esta vez distinto. ¡No podía ser! ¡Eran bombas que caían del cielo!
Desesperado, el ratero lanzó un alarido de desesperación:
- ¡Noooooo!
Fueron sus últimas palabras. Todo comenzó a desmoronarse a su alrededor, las paredes estallaban en mil pedazos y los escombros le sepultaron en un instante. Sus restos permanecieron para toda la Eternidad en aquellos tesoros que eran todo su anhelo.
En el exterior, milicianos y milicianas, todos ellos presos de los delirios de Baco, apenas pudieron reaccionar saltando todos por los aires en sólo unos minutos.
Finalmente del castillo del conde Estruc sólo quedaron ruinas.
- ¿Y dónde están las brujas? –preguntaba entre carcajadas el coronel Von Kitchner mientras lanzaba sus fatídicas bombas sobre el ya ruinoso castillo.
- Aquí abajo ya no hay más que cadáveres… -proseguía el feliz nazi- Esa gente ha paga-do cara su estupidez, menudo servicio hemos realizado a Europa eliminando a todos esos bárbaros criminales…
Algo llamó la atención de su lugarteniente. Castro Villas se quedó estupefacto al mirar por la ventana del bombardero. ¡Unas jóvenes doncellas volaban por los aires a una velocidad pareja al avión!
- ¡!!!!Bruuuuujas!!!!! –gritó aterrorizado.
- ¡No digas tonterías, estúpido! Las hijas de Estruc no son más que una leyenda… -le cortó entre burlas el coronel Von Kitchner.
- Las brujas están aquí fuera… Las estoy viendo con mis propios ojos…. Son hermosas pero diabólicas…
- Y tú estás borracho por ver semejantes alucinaciones, Villas.
- Y tú eres un ignorante, engreído teutón.
Todos se quedaron asombrados al escuchar a una voz grave pronunciar estas palabras. Von Kitchner volvió la vista atrás y se encontró con la mirada de fuego del conde Estruc y de su hija Doña Núria.
- ¿De dónde habéis salido vosotros? ¿Por qué vestís como en la Edad Media?
- Sucio teutón, has destruido el castillo donde reposaban mis restos y el de mi hija. He venido a vengarme por semejante osadía…
El coronel nazi sacó su pistola y apuntando al conde Estruc le gritó:
- Pues traga plomo, fantoche…
Sonaron dos detonaciones que atravesaron el cuerpo del conde Estruc sin hacerle el menor daño.
- ¡Estúpido! Así no se matan a los vampiros…
Las dos figuras medievales se esfumaron en la nada. Toda la tropa se quedó petrificada.
- ¡Los fantasmas no pueden hacernos daño! –gritó Von Kitchner.
Pero se equivocaba. Las hijas de Estruc, aquellas brujas dueñas de los vientos agarraron con fuerza las hélices del avión impidiendo que giraran….
- ¡!! Noooooo!!!!! Nos vamos a estrellar –gritó Castro Villas, desesperado.
Las brujas asieron con más fuerza aún las hélices y las arrancaron de cuajo.
- Las brujas ¡tienen una fuerza inhumana!
Von Kitchner se levantó de un salto:
- Veremos quien ríe más… -se abalanzó sobre una mochila conteniendo su paracaídas, descubrió con horror que había sido destrozado.
- ¡Nos vamos a estrellar! –gritó desesperado.
Fue cuestión de instantes. El avión cayó en picado precipitándose con furia contra las ruinas del castillo, todos su ocupantes perecieron en el acto. Aquella orgía de vino y de alegría se había convertido en una macabra exaltación del horror y de la muerte.
Salvador Sáinz
Reus, 26 de octubre de 2000

7 comentarios:

miquel zueras dijo...

Me ha encantado tu relato, Salvador. Yo publiqué en Borgo el 11 de diciembre un relato de vampiros "Wurdolak" ambientado en la 2ª Guerra Mundial. Espero que sigas colgando narraciones. Por cierto que ayer ví "El hombre lobo" y no estaba mal aunque Benicio no es santo de mi devoción. ¿Qué le hubiera paracido la película a Naschy? Saludos. Borgo.

Salvador dijo...

Conociéndole como le conocí la hubiera puesto a parir. Lo ha hecho con otros hombres lobo del cine.
Sólo él era bueno.

Salvador dijo...

Por cierto gracias por tus comentarios, tengo varios del conde Estruc. Los iré añadiendo al blog.

miquel zueras dijo...

Naschy era... mucho Naschy. Estoy preparando un relato sobre los perros-vampiro de Pratdip (Tarragona) a ver que tal me sale. Borgo.

Salvador dijo...

Espero que te salga bien, yo preparé uno hace tiempo. Era la continuación de Estruc, pero la estafa del distribuidor malogró su publicación.

José María dijo...

Buenos días... Me llamo José María. Hace poco tiempo que he querido saber del autor de la novela "el conde ESTRUCH". Leyendo en éste blog, me ha llamado la atención algo que ha dicho usted, sñor. Sainz: "Era la continuación de Estruc". ¿Quiere decir que ya hay una segunda parte de la novela escrita por ustéd del famoso vampiro? Gracias por su atención. Cordialmente, José María

Salvador dijo...

Hay una segunda parte inconclusa y una tercera en mente pero con otros personajes.

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